Este post llega quizá una semana tarde, pues ya no estoy en el Raval. Pero aún así, me parece interesante compartir con vosotros lo que aprendí.
El Raval es el barrio chino de Barcelona, lleno de paquistaníes, europeos del este y parte de la clase baja más pobre de Barcelona. La mayoría de carteristas y prostitutas paran por el barrio, aunque sólo éstas últimas ejercen en él. En general es sabido que el ladrón no caga en casa, por lo que pueda pasar. El hostal en el que estaba, aunque era un hostal en sí, se anunciaba como tal y nunca vi que se ofertaran servicios de... compañía (por así llamarlos), es frecuente parada de funcionarias con clientes. Más de una vez, mientras estaba abajo, en la salita con mesas y buena cobertura wifi escuchaba al de la recepción cobrar 20 euros a una pareja, y llamando de manera familiar a la señorita recordarle que en 2 horas tenía que dejar libre la habitación. De hecho, la que parecía ser la regente del lugar en más de una ocasión sus comentarios me dieron a entender que ella también ejerce la profesión.
También aprendí que en hostelería, en general son todos mileuristas, lo cual en principio no está del todo mal, pero te das cuenta de que es un poco explotación cuando ves que en la recepción (24h) sólo trabajan 2 personas. Con un cálculo fácil vemos que esta gente curra 7*24/2 = 84 horas semanales por 1000 leuros. Quizá el chico redondease y el sueldo esté un poco por encima, y quizá, por no haber estado yo toda la semana, los recepcionistas tienen un día libre a la semana. Aún así, creo que están un poco explotados.
En el barrio conocí a la Paqui. Una mujer la mar de maja, que contaría unas 45-50 primaveras, que llevaba la mayor parte de su vida viviendo en el barrio. A ella le pregunté que qué opinaba del barrio, y me dijo que a ella le gustaba mucho, que le habían ofrecido irse a Dinamarca este verano a trabajar allí (trabaja, al menos, haciendo camas en el hostal), que podría haber hecho más dinero, pero que le gustaba demasiado el barrio como para abandonarlo y más por irse al extrangero, que ella ya tenía la vida hecha allí. Muy maja me comentó que hay mucha gente pobre, pero que hay mucho más sentido de comunidad que en el resto de Barcelona, pues cuando no tienes un ordenador o una tele con la que perder el tiempo o no has tenido una educación que te ayude a desarrollar el gusto por la lectura, bajas más a la calle, y eso te hace conocer a la gente y desarrollar vínculos.
Vi también un chiquillo que se pasó por el hostal que resulta que intentaba vender una camiseta del barça y un chándal de la seleccíon (que seguramente hubiera encontrado en la basura). No hacía falta ni regatear, él solito bajaba el precio, porque lo necesitaba, porque los 7 euros que pedía por la camiseta realmente iban a suponer una diferencia en su calidad de vida.
Total, que aun siendo clase baja, vivir unos días en el barrio me ha hecho darme cuenta de lo afortunado que soy de tener unos padres que se han preocupado de que recibiera una educación y de haberlo aprovechado hasta el punto de ir encadenando becas para haberme traido a donde estoy, porque si no hubiera ido a la universidad, la verdad es que no os habría conocido a la mayoría de vosotros.
No voy a decir que no os quejéis porque hay gente que está peor que vosotros, si no que al revés, os invito a que os quejés y luchéis, porque hay gente que está peor que vosotros y deberíamos romper la barrera de clases y elevarnos a esa gente y nosotros mismos a la vez que derribamos a los de arriba.
¡Salud!
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